sábado, 30 de junio de 2018

Sentir y no tocar


La vulnerabilidad de una soledad cansada burló la fortaleza de mi grafeno. Frente a mí, el espejismo de sus ojos buscaba la sensibilidad natural,  mientras yo cubría mi rostro para negarme a la fragilidad.

Cada vez más cerca,  no queda más que sentir y no tocar,  delatado por la agitación que tienta al deseo de olvidar el antes y el después de un beso, cargado de días contados para su llegada sin parapetos. 


El espacio se hace nada,  y el mandato es el mismo,  sentir y no tocar.  Línea delgada  entre el olor de su perfume y mis ganas de encender una fogata de pasiones en su piel vedada.

La imaginación se envuelve en cortinas de humo,  oscuridad y silencio.  El juicio cumple su acuerdo, sentir y no tocar es el freno que detiene las ansias y la caida sin arneses en el desenfreno.

Un me voy salva a la cordura,  sentir y no tocar es su lema, fantasear en los puntos suspensivos es lo que queda, rellenar el etcétera,  y dejarlo en punto final a mi manera,  y él,  ni cuenta.

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